Sagrada Familia

Posted by Padre Eugenio Callari on 26 December 2015

giallaJesús crecía en sabiduría y en estatura, y en gracia para con Dios y los hombres

Lecturas: 1 Samuel 1,20-22. 24-28;  Juan 3,1-2. 21-24;  Lucas 2,41-52.

1 –  El gesto de los padres de Samuel – Ana, que era estéril, suplica a Dios para que le conceda un hijo. Su oración es escuchada, por lo que ella llama a su hijo: Samuel para que  todos sepan que Dios le concedió lo que ella le había pedido. A los tres años lo llevó a la casa del Señor en Silo para consagrarlo al servicio del templo. Ella sabía muy bien que su hijo era un don gratuito e inesperado del Señor, por lo que decidió con su esposo Elcana: “Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová”. Hoy en día, este gesto de pedir el don de los hijos a Dios, el dador de la vida, poniéndolos a disposición para ofrecerlos al "servicio" del Señor para el bien de la humanidad, debería ser una cosa muy común entre todos los papás y mamás. ¿Acaso no es también que de este comportamiento se inicia una correcta relación educativa de los propios hijos? La vida es un don de Dios y debe ser “gastada” para todos.

2 – A Jerusalén – Mil años después, en Jerusalén, dos padres se encaminan hacia el Templo para repetir el mismo gesto: ofrecer  el hijo al Señor. María y José son muy conscientes de que su hijo tiene otro padre, que a su vez ya lo ha ofrecido para la salvación del mundo: en efecto, Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, que vino a donarse para que el mundo pueda renacer a  nueva vida. Doce años más tarde, vuelven al templo con él para celebrar la Pascua y sucede lo imprevisible: Jesús desaparece sin preaviso para reaparecer después de tres días. Bastan dos palabras para aclarar todo: "Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? - "¿Por qué me estaban buscando?  ¿No sabían que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?”- Son dos preguntas que equivalen a dos respuestas: Yo y todos ustedes debemos ocuparnos de las cosas del Padre común, que son su familia en la tierra.

3 – La vida en familia – La fiesta de hoy echa mucha luz sobre una realidad que a menudo no logra encontrar su identidad armonizándose con el proyecto de Dios. También nuestras familias deben ser a imagen y semejanza de Dios, que vive como una maravillosa familia de tres personas la plenitud de  las relaciones de amor: la paternidad-maternidad, la filiación, la relación esponsal. Todos son como un solo corazón y una sola alma, pero cada uno con su propia función específica: padres, hijos, hermanos. San Agustín nos recuerda que la paz de la casa es la ordenada armonía entre padres que guían e hijos que obedecen, pero todos comparten la responsabilidad para el buen funcionamiento de la vida familiar. Por supuesto, a los padres les toca el primer lugar también siendo los primeros a dar el buen ejemplo a sus hijos, tomando la iniciativa en la educación (vida religiosa, vida moral, relaciones con el mundo exterior,  inclusión de sus hijos en el mundo de la escuela y del trabajo).

4 - A Nazaret – Aquí encontramos el modelo ideal ya sea para cada componente de la familia que para la misma vida de la familia. El hecho que sucedió en Jerusalén significa antes que nada que en la vida de cada uno, el primer lugar sigue siendo del Señor y cualquiera debe estar libre de seguir la llamada de Dios. Además nos muestra los tres pilares de la educación personal, que cada uno debe seguir en su vida . Lucas lo resume con tres pequeñas palabras los treinta años de vida en Nazaret: “Jesús vivía sujeto a ellos. Su madre conservaba todas estas cosas y profundizándolas en su corazón. Jesús crecía y se fortalecía; progresaba en sabiduría, y la gracia de Dios lo acompañaba”. Probemos a poner una letra mayúscula en cada una de las tres palabras y se nos revelará el verdadero misterio en toda su plenitud: la sabiduría es la sabiduría de la Palabra, la edad es la eternidad del Padre, la gracia del Espíritu Santo es el Amor. También nosotros debemos crecer con Jesús en sabiduría, en edad y en gracia!

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