Segundo Domingo De Adviento

Posted by Padre Eugenio Cavallari on 20 February 2013

violaCobrad ánimo y levantad la cabeza porque se acerca vuestra liberación

Lecturas: Jeremías 33,14 16; Tesalonicenses 3,12 4,2; Lucas 21,25 28.34 36.

1 - A cada uno lo suyo – Hoy la palabra de Dios pone énfasis en el papel decisivo del hombre en la obra de salvación. Por supuesto Dios ha “comenzado en nosotros la salvación y la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”, pero el hombre tiene el deber de cooperar con todo poder a este proyecto divino. Él no quiere prescindir de nuestra colaboración plena y libre: "El que te creó sin ti, no te salvará sin ti" (San Agustín). El momento más delicado y valioso para el hombre es siempre el principio, cuando nos damos cuenta que necesitamos un médico y un liberador; pero estamos tentados de evitarlo para hacer todo por nuestra cuenta. He aquí la importancia del primer sí: aceptar humildemente de ser salvados pidiendo perdón por nuestra vida pasada y ayuda para el futuro. La gracia del perdón es necesaria también porque activa la nueva voluntad de cambiar vida, es decir de convertirnos a un modelo diferente de vida siguiendo el ejemplo de Jesús. Antes, la libertad era arrastrada por la pasión del mal, ahora está atraída y empujada placenteramente por un nuevo fervor hacia el amor infinito de Dios.

2 - Juan Bautista – Él tuvo la tarea de anunciar la llegada inminente del Salvador y pedir a la gente el “bautismo de conversión para el perdón de los pecados”. El bautismo no es el agua del Jordán, pero el río de sangre que fluye de la infinita misericordia de la Cruz de Jesús, el Redentor La conversión no se puede agotar en un cambio superficial de la conducta, sino en un cambio radical de dirección en la vida, el centro de la cual ya no soy yo, sino Dios ya los demás. La tarea de Juan de predicar testimoniando Cristo hoy le toca a la Iglesia, o sea a cada cristiano.

3 - Un efecto impresionante – No se necesita mucho para darse cuenta de que, cuando Dios entra en el pequeño y enfermo corazón humano, debe producirse el efecto de una explosión impresionante que sacude en lo profundo el modo de pensar y de actuar. Cualquier concepción física o espiritual (mucho más cuando se concibe en la mente y en el corazón al Verbo de Dios) puede alterar saludablemente el equilibrio de la maternidad: este es el trabajo de la conversión. Se trata de preparar nuestros corazones para recibir a Dios como a un hijo y no como a un huésped, eliminando todo lo que enfatiza la diferencia. Es una actitud “anti”, porque hoy en día nos quieren hacer creer que no se necesitan cambios o que es imposible cambiar. La llegada de Dios significa para el hombre: ¡reacciona, vuelve a empezar, lo lograrás!

4 – Montañas y valles - Nosotros las llamamos barreras, pero son sólo montañas de orgullo y autosuficiencia: creemos que somos perfectos e incuestionables rechazando críticas y consejos, nos fabricamos razones y falsos pretextos personales o de categoría. Si queremos profundizar el diálogo con Dios y con los demás (el cónyuge, los hijos, los compañeros, los lejanos), eliminemos las resisitencias internas y las diferenciaciones artificiales. ¿Y los valles? Precisamente: el miedo, la pereza, la indolencia, la desresponsabilización, el absentismo, las actitudes rígidas y antipáticas, el vivir de las opiniones de la masa Es hora de aplanar montañas y construir puentes de amistad y cooperación con todos, tomando la iniciativa en todos los campos de actividad. Hay demasiados asientos vacíos. Parece extraño, pero a menudo hay más solidaridad para el mal que para bien!

5 – Los caminos tortuosos – Ante Dios, todo debe ser linear y transparente. La verdad exige sinceridad. Somos tortuosos cuando no nos decidimos a dar cortes netos con el mal y con nuestras pasiones (aun cuando a pagar es la salud), cuando no tomamos remedios ni terapias drásticas, cuando no tomamos en serio al Evangelio (sin añadir el “pero” o el “si”. Somos tortuosos con los demás, cuando hablamos atrás, elegimos posiciones ambiguas, no tentamos francas aclaraciones, fingimos no ver ni entender, ponemos siempre las mismas excusas (no tengo tiempo, tengo un montón de cosas que hacer, no puedo). Si realmente Dios nace en nosotros, nuestra vida debe cambiar radicalmente.

onstante de una nueva presencia del Señor, por lo tanto reza y escruta atentamente los movimientos de Dios a través de los muchos signos de los tiempos, tanto positivos como negativos que indican como inminente la hora de la liberación. Si bien todos los medios de comunicación nos dicen que es una Navidad en tiempos de crisis., la Iglesia sigue alimentándonos con la esperanza y la resurrección. La esperanza cristiana nos impulsa a invocar la ayuda extraordinaria de Dios para volver a encender nuestra buena voluntad y para transformar radicalmente la vida humana en la divina: Gloria a Dios y paz en la tierra a los hombres que Él ama. Aquí está la buena noticia que resuena de nuevo en el mundo, debilitado por las pruebas pero orientado como nunca antes hacia un futuro mejor: ¡Somos amados por Dios!

3 – Jesús nace en ti – es un eslogan que podemos hacer nuestro personalizándolo al máximo para la nueva Navidad, centrado en el núcleo esencial del misterio de la Encarnación. Se debe repetir en nosotros lo que sucedió a María: Ella le dio a Jesús un cuerpo de hombre, demos nuestro corazón, nuestra alma y el mismo cuerpo a Jesús. Esta realidad ha sido muy bien formulada por Juan Pablo II en su primer encíclica: Haciéndose hombre, Jesús quiso asumir a cada hombre (Redemptor hominis). Este es el prodigio de la Navidad: Jesús, encarnándose espiritualmente en cada hombre, lo asimila poco a poco en su forma de pensar y de vivir.

4 – Dar a la luz a Jesús – María es madre, no sólo porque tuvo un hijo, sino porque lo dio al mundo. Así también nosotros: en Jesús nos entregamos a los demás para salvar la vida de todos. Cada acto de la vida cotidiana es un acto de amor que salva. Multipliquemos verdaderos sentimientos de estima, amistad, comprensión, perdón, cooperación. Todo el mundo quiere ver y tocar a este Jesús en nosotros: No vivo yo, sino que es Cristo que vive en mí (S. Pablo).

5 - Puntos concretos – Preparemos un corazón “bien dispuesto” a Jesús: oración, adoración, silencio y escucha del corazón; revisión de la propia vida para purificarnos de toda presencia inútil o perjudicial de las criaturas, atención a los estímulos interiores del Señor y a los pedidos de los hermanos. Pablo nos sugiere la terapia adecuada: Vigilen que no se hagan pesados vuestros corazones por el libertinaje, por la embriaguez y por las preocupaciones de la vida. De una manera más positiva: vamos a concentrarnos en lo esencial, sobriedad en todo, serenidad y continuidad en los compromisos. Agustín, establece así el discurso: “El amor a muchas cosas se vence con el amor al único Bien” (Sermón 65ª, 2). Entonces será más fácil renunciar a todo lo superfluo para donarlo a los demás, ser menos superficiales en las relaciones humanas. Es suficiente una sonrisa, un saludo, una visita a los que están solos o enfermos o con dificultades.