Solemnidad De Maria La Madre De Dios

Posted by Padre Eugenio Cavallari on 31 December 2015

giallaCuando se cumplieron los ocho días y fueron a circuncidarlo, lo llamaron Jesús

Lecturas: Números 6,22-27;  Gálatas 4,4-7;  Lucas 2,16-21.

1 ‑ Jesús nace en ti – El centro del misterio navideño se encuentra en esta revelación fundamental: Dios está dentro de mí y es uno conmigo. La nueva fuerza para enfrentar la vida de todos los días la encuentro en Él. Nunca estoy solo ni perdido, no estoy abandonado por Dios, no son pocas mis fuerzas frente a las pruebas de la vida: ¡Él está allí! El cristiano no puede celebrar la Navidad sin haber captado este primer resultado: poseer completamente a Dios para realizarse plenamente. Todo esto se logra cuando las dos voluntades se identifican: la nuestra con la suya.

2 – María es Madre de Jesús y nuestra -  María se convirtió en madre por su santidad inmaculada y por la plenitud de gracia. Fue capaz de concebir de modo virginal a Cristo en su seno, porque antes lo había concebido en su corazón, a través de la virginidad de su fe: “De ningún valor habría sido para María la misma maternidad divina, si no hubiera llevado más felizmente Cristo en el corazón que no en la gestación de la carne” (Agustín, Virginidad 3). Ella, como colaboró activamente en la concepción física de la Palabra en su seno, así colabora activamente en la concepción espiritual de los fieles en el seno de la Iglesia. San Francisco dijo: “Quien quiere progresar en la vida de Dios, necesita una madre: María”.

3 – El año nuevo –  Lo recibimos como un gran don de Dios y una gran oportunidad de bien. El mundo todavía no está en paz porque no está en paz con Dios. Tomamos acto, pero no queremos quedarnos de brazos cruzados. Sabemos que Dios está trabajando y se vale de todos los honestos, de todas las personas de buena voluntad. Sabemos que él, junto a María, nunca nos abandonará. Entonces hagamos todo lo posible, orando sin cesar. Con la oración y con la vida diremos tres cosas al Señor: ¡gracias por todo, perdón por todo, obedientes en todo!

4 – Jornada por la paz – El primer día del año es tradicionalmente el “Día de la Paz”. Hoy el augurio del apóstol Pablo es éste: “Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo, a la cual fueron llamados en un solo cuerpo”. La verdadera paz del corazón es el regalo de Navidad más valioso de Jesús: la paz nace con él y se perfecciona en su sacrificio en la cruz, porque le consigue al hombre el perdón de Dios. Y justamente es desde el perdón de Dios que se restauran las relaciones pacíficas llenas de confianza, estima, respeto y cooperación. En efecto, la paz es el resultado final de todos los verdaderos valores de la vida: la verdad, el amor, la justicia, la unidad. La paz otorga o devuelve a cada uno lo “suyo”, es decir, la dignidad de hombre libre y responsable; luego crea una nueva comunión entre los corazones, de otro modo divididos por el egoísmo personal. No se puede construir esta paz, si no tenemos en el corazón sentimientos de humildad, misericordia y bondad; mansedumbre, paciencia y aceptación de todos. Así se inicia un nuevo proceso de convivencia humana pacífica, que promueva eficazmente el progreso espiritual y social, y elimina los “huecos de marginación” (los pobres, ancianos, discapacitados, drogadictos, presos, explotados).

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