Solemnidad De La S. Trinidad

Posted by Padre Eugenio Cavallari on 21 May 2016

giallaTodo lo que tiene el Padre es mío. El Espíritu recibirá de mí lo que les diga.

Lecturas: Proverbios 8,22 31; Romanos 5,1 5; Juan 16,12 15.

1 - Un prejuicio – Muchos piensan en la Trinidad como a un dogma impenetrable o, peor aún, como a un tabú del que es mejor no hablar. ¡Existe y basta! Nada puede ser más absurdo. ¿Hay algo  más fácil de entender y más hermoso que un DIOS-FAMILIA? Es claro que este término se debe aplicar a la Trinidad con todas las debidas distinciones, pero debemos darnos cuenta de que hemos sido  creados a imagen y semejanza de Dios. La Trinidad es todo esto: un PAPÁ (el Padre), un HIJO (la Palabra), un ESPOSO (el Espíritu Santo) que se aman con un único, idéntico y perfecto amor. Son, pues,  tres que se aman, ¡pero con un sólo amor!

2 – El peso de la verdad – Jesús dice a los apóstoles en la última cena, refiriéndose a la Trinidad: “Muchas cosas me quedan aún por decirles, que por ahora no podrían soportar”. El peso de la verdad, no es más que la forma de vida de Dios. En la Trinidad, cada Persona individual toma de las Otras (“recibirá de mí lo que les diga”) ya que todo es en común. Podría decirse que están uno dentro del otro porque comparten la misma naturaleza, aunque con distinta relación de amor entre ellos.  ¡Qué diferencia abismal con nuestra forma de vida! Es tan difícil lograr “integrarnos” a la perfección con los demás; nos conformamos con llevarnos bien, con no pelear... A veces, nos rechazamos para refugiarnos en nuestra “privacy”, y así somos prisioneros de la soledad. Éste es el milagro continuo del Espíritu Santo: nos hace salir de nosotros mismos para hacer entrar dentro de nosotros toda la realidad.

3 – En el corazón de Dios – El cristiano está llamado a vivir su vida inmerso en el corazón de la Trinidad como un niño dentro de su madre. “Tenemos –dice San Pablo- acceso a esta gracia en la cual nos mantenemos firmes. Así que nos regocijamos en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios... porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestro corazón”. Éste es el objetivo: ser una cosa sola con Dios y llevar “el estilo” de vida trinitaria en el mundo: familia, barrio, parroquia, lugar de trabajo, ciudad... Y es por eso, que ya San Cipriano, obispo y mártir de Cartago, define trinitariamente la Iglesia: “Pueblo unificado por la unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo - Plebs adunata de unitate Patris et Filii et Spiritus Sancti’.

4 – La semejanza trinitaria – “Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”. Es el magnífico texto de la Génesis, que introduce el acto divino de la creación del hombre. La naturaleza del hombre está hecha a imagen de la naturaleza de Dios, la persona humana está hecha a semejanza de las tres personas divinas. Y, efectivamente, el espíritu humano revela en su ser y en su funcionamiento una estupenda estructura trinitaria. Es la gran intuición de San Agustín: “Me gustaría invitar a la gente a reflexionar sobre tres cosas que están presentes en ellos mismos. Me refiero a la existencia, al conocimiento y a la voluntad humana. Yo existo, conozco y quiero; existo sabiendo y queriendo, sé que existo y quiero; quiero existir y saber. Cómo es inseparable la vida en estas tres facultades y son una única vida, una única inteligencia y una única esencia, y como no se puede establecer esta diferencia, que sin embargo existe, que lo vea quien lo pueda ver. Cada uno está delante a sí mismo, mire y me responda” (Confesiones 13,11, 12).

5 – El bautismo – Hemos sido bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Lo que era sólo una imagen de la creación, se convierte en realidad en la Redención. Entonces, creer realmente en la Trinidad no significa solamente creer que existe un Dios-Trinidad, sino que cada uno participa de la misma vida trinitaria; por lo tanto, de alguna manera está llamado a vivir como vive la Trinidad. ¡Debe sumergirse en el misterio! Tal vez la “forma” más simple es rezar, uniéndonos al diálogo de amor de los Tres. Preguntémonos: ¿Qué se dirán en este preciso momento aquellos Tres? Así, ya estamos entrando, en puntas de pie, en la intimidad trinitaria.

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