Trigésimo Secundo Domingo Del Tiempo Ordinario

Posted by Padre Eugenio Cavallari on 23 November 2013

verdeQue el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la paciencia de Cristo.    

Lecturas: 2 Macabeos 7,1 2.9 14; II Tesalonicenses 2,15 3-5; Lucas 20,27.                      

1 – Los siete hermanos - El relato bíblico del martirio de los Macabeos contiene el más hermoso testimonio de fe y esperanza "cristiano" en la resurrección final del cuerpo, en el juicio de Dios, en la vida eterna: "Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por Él. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida".

2 – Los laicos Saduceos – Plantean una pregunta muy astuta a Jesús: “A propósito: en el cielo ¿uno está casado o no? Respuesta: "En este mundo los hombres y las mujeres se casan, pero los que sean juzgados dignos de participar del mundo futuro y de la resurrección, no se casarán. Ya no pueden morir, porque son semejantes a los ángeles y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección”. Todo lo que es material se asumirá en la nueva dimensión espiritual de la eternidad: un cuerpo nuevo, un nuevo matrimonio, una nueva familia, donde Dios será todo en todos.

3 -Él no es un Dios de muertos, sino de vivientes – En resumen, Dios no destruye nada de lo que ha creado y, en el momento adecuado, renovará cada cosa en la resurrección final. Incluso nuestro cuerpo se reunirá con el alma, así como todos los espíritus se reunirán en el Amor de Dios. ¡Este será el nuevo matrimonio de la vida eterna! Es el fruto final de la resurrección de Cristo: “Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en Mi no morirá eternamente”.

4 - La paciencia de Cristo – La expresión de San Pablo es conmovedora y muy sugeridora. Cristo es la paciencia de Dios que, sin prisa pero sin detenerse, lleva toda la creación a la perfección final. Cristo es la paciencia del hombre que se recupera siempre del mal y del límite existencial o histórico, que nunca se da por vencido -¡dale, vuelve a intentarlo!- que “tiende las manos de sus propios deseos hacia lo infinito” (San Agustín).

5 -¿Un juego de azar? – Nuestra vida podría llegar a serlo si se ha vaciado de esperanza en la vida eterna. Cada día se convertiría en una distracción para no pensar, en una ilusión que todo no tendrá fin. El miedo a la muerte apremiaría, sin duda. El juego de azar termina sólo cuando las agujas del tiempo se movieran en las de la eternidad: “Lo que no es eterno, no es nada” (San Agustín).