En esta secciòn se ofrecen algunas reflexiones sobre la Palabra de Dios del dìa festivo, preparadas por la comunidad cada semana. Este material trata de responder a una doble exigencia de todos: a) Escuchar la Palabra de Dios en la misa dominical habiendola ya meditado en modo serio y profundo; b) Adecuar la homilia o la catequesis en el mejor modo a la sensibilidad y a las situaciones concretas de los fieles. El camino realizado, ya desde hace 40 años ha demostrado que este mètodo –aunque si no es el ùnico ni el òptimo- mejora la calidad y los contenidos de la homilia. Esto se transforma en un valioso servicio que los laicos ofrecen al sacerdote y el sacerdote ofrece a la comunidad de los fieles. Despuès de esta experiencia como grupo, se sintiò la exigencia de ofrecer tambièn un “rastro” escrito para que la reflexiòn continùe durante la semana en familia. Ahora el textò està disponible a travès de internet: la nueva “chimenea”, donde la familia puede reunirse alrededor de la Palabra de Dios y del fuego del Espìritu Santo. La Iglesia invita cordialmente a preparar un corazòn bien dispuesto a escuchar y a profundizar la Palabra de Dios.
Textos traducidos por María Beatriz May y María del Carmen
Primer Domingo De Adviento
Manténganse despiertos, porque no saben qué día vendrá su Señor
Lecturas: Isaías 2, 1 5; Romanos 13, 11 14; Mateo 24, 37 44.
1 - Adviento 2013 – Sería demasiado poco reducir la Navidad a una conmemoración histórica del nacimiento de Cristo en Belén, o bien pensar en la llegada última de Cristo o cuándo acabará mi vida o la vida del mundo. ¡Hay una llegada de Dios en el presente, hoy mismo, todos los días! Las tres lecturas bíblicas deben ser leídas teniendo presente esta pregunta: ¿ hoy cómo está llegando el Señor? También Pablo nos dice: “Ya es hora de que despierten del sueño, pues nuestra salvación está ahora más cerca que cuando inicialmente creímos”. Comencemos este nuevo año de gracia litúrgica con un fervor atento a hacer bien todas las cosas y a las sorpresas de Dios, dando continuidad a nuestra vida espiritual.
Solemnidad De Nuestro Señor Jesucristo, Rey Del Universo
Dios nos hizo entrar en el Reino de su Hijo.
Lecturas: 2 Samuel 5,1 3; Colosenses 1,12 20; Lucas 23,35 43.
1 – El Reino de Dios – Esta expresión bíblica condensa toda la creación y la redención. Cristo es Rey porque es el centro de esta obra de Dios: siempre cerca del Padre cuando fue creado el universo y el hombre ha sido redimido. Rey porque Dios, Rey porque Salvador, Rey porque “Dios quiso que en Él residiera toda la Plenitud. Por él quiso reconciliar consigo todo lo que existe en la tierra y en el cielo, restableciendo la paz por la sangre de su cruz” (San Pablo).
Trigésimo Tercer Domingo Del Tiempo Ordinario
Gracias a la perseverancia salvarán sus vidas.
Lecturas: Malaquías 3,19 20; 2 Tesalonicenses 3,7 12; Lucas 21,5 19.
1 – El día de la cosecha – La primera lectura describe el juicio de Dios que madura y se manifiesta en el transcurso del tiempo, hasta la determinación final, definitiva y eterna: “Porque llega el Día, abrasador como un horno. Todos los arrogantes y los que hacen el mal serán como paja; el Día que llega los consumirá, dice el Señor de los ejércitos hasta no dejarles raíz ni rama. Pero para ustedes, los que temen mi Nombre, brillará el sol de justicia” (Malaquías).
Trigésimo Secundo Domingo Del Tiempo Ordinario
Que el Señor los encamine hacia el amor de Dios y les dé la paciencia de Cristo.
Lecturas: 2 Macabeos 7,1 2.9 14; II Tesalonicenses 2,15 3-5; Lucas 20,27.
1 – Los siete hermanos - El relato bíblico del martirio de los Macabeos contiene el más hermoso testimonio de fe y esperanza "cristiano" en la resurrección final del cuerpo, en el juicio de Dios, en la vida eterna: "Es preferible morir a manos de los hombres, con la esperanza puesta en Dios de ser resucitados por Él. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida".
Trigésimo Primer Domingo Del Tiempo Ordinario
El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que estaba perdido
Lecturas: Sabiduría 11,22.12; II Tesalonicenses 1,11-2; Lucas 19,1 10.
1 - Un himno de gloria – El libro de la Sabiduría, introduce de modo tan dulce el tema de Dios que crea y sostiene sus criaturas porque es “amante de la vida Y el hombre, no es más que polvo en la balanza o la gota de rocío, es justamente el centro de atención de la ternura divina, porque Dios tiene compasión por todos y siempre está listo a perdonar, para que todos renieguen la maldad y crean en su amor. Verdaderamente se puede decir que “la gloria del hombre es la bondad de Dios y la gloria de Dios es que el hombre viva” (S. Ireneo).
Trigésimo Domingo Del Tiempo Ordinario
Todo el que se ensalza será humillado y el que se humilla será ensalzado
Lecturas: Eclesiástico 35,15 17.20 22; II Timoteo 4,6 8.16 18; Lucas 18,9.
1 - La presunción – El Evangelio de Lucas se dirige contra los que “presumían ser justos y despreciaban a los demás”. Los soberbios por supuesto se consideran perfectos: se jactan ante Dios y apuntan el dedo de condena en contra de otros. Jesús en la parábola del fariseo y el publicano quiere mostrar la gravedad de esta actitud básica, que simplemente define: el pecado. Sobretodo cuando oramos, debemos sentirnos pecadores, mirados por la misericordia de Dios.
Vigésimo Noveno Domingo Del Tiempo Ordinario
Dios hará justicia a sus elegidos que claman a Él
Lecturas: Éxodo 17,8-13; II Timoteo 3,14 4.2; Lucas 18,1 8.
1 - Los brazos alzados – Moisés gana al enemigo en la batalla con la oración. Aarón y Jur le sostienen los brazos para que no acabe su oración. El sentido de la parábola es muy claro: las batallas de la vida se vencen rezando. Cuando el corazón, la familia, el trabajo, las relaciones sociales nos tormentan, elevemos el grito de la oración al Padre que está en los cielos.
2 – No estamos solos – Nuestro Moisés es Cristo, que constantemente se mantiene con los brazos extendidos en la oración y la ofrenda de sí mismo. Así que cuando oramos, nos unimos a la oración que Cristo hace por nosotros y por todos. ¡También el Espíritu Santo gime siempre “con gemidos inenarrables en nuestros corazones y grita por nosotros: Abá, Padre”! He aquí una regla muy simple para rezar bien: tengo que unir siempre mi pobre oración con la de Jesucristo y del Espíritu Santo; ellos rezan y ofrecen por todos, por lo que su oración se convierte en la mía. De esta manera tengo la certeza de ser escuchado.
3 - La oración – Primero de todo es un diálogo de amor y de vida entre los hijos y el Padre. Quien no tiene esta fe no ama, y quien no ama no reza: “ cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará fe sobre la tierra?. ¿De dónde nace la oración? De la misma naturaleza del corazón humano, que está hecho para desear, o sea para conquistar al bien amado; o sea para amar, para rezar: “Rezar –dice San Agustín- no significa hablar, pero desear. Quien siempre desea, siempre reza. ¿cuándo se adormece tu oración? Cuando se enfría tu deseo”.
4 - Todo y siempre – Si la oración es el alimento fundamental de la vida, entonces es muy lógico el consejo evangélico: “orar siempre sin desanimarse” También es igualmente necesario rezar poniendo toda la vida y todo sí mismos en la oración: “Cuando oras dile al Señor quien eres” (San Agustin). ¡En la oración está todo el hombre, en el hombre todo es oración! Que esta sea la ofrenda, el don total de sí mismos.
5 - Con libertad – No se reza solamente en la iglesia. Se reza entrando en lo íntimo del corazón. Así que incluso en el hogar, en la calle, en el trabajo se puede rezar. En definitiva, cualquier hora del día es buena para recogernos en Dios y escucharlo mientras nos habla. Ni siquiera son necesarias las “fórmulas” para rezar: el corazón inventa la oración oportuna.
6 - Escuchar – La verdadera oración es el resultado de nuestra unión con Dios: sentirlo, contemplarlo, sumergirnos en su amor, escucharlo! De esta riqueza interior, nacerá la capacidad de testimoniar, manifestando a los demás la riqueza de nuestro corazón. San Pablo así lo describe: “enseñar, convencer, corregir, formar a la justicia, para que el hombre de Dios sea completo y bien preparado para toda obra buena.”
Vigésimo Octavo Domingo Del Tiempo Ordinario
Levántate y vete, tu fe te ha salvado
Lecturas: 2 Reyes 5,14 17; II Tim. 2,8 13; Lucas 17,11 19.
1 - La lepra – La primera lectura describe la milagrosa curación del general sirio Naham, que tuvo lugar en Samaria, por el profeta Eliseo; el Evangelio nos habla de la curación de diez los leprosos, hecha por Jesús mientras pasaba a través de Samaría y Galilea. Los dos milagros tienen una lectura clara y convergente: Dios, infinitamente bueno, ayuda a todos los infelices de esta tierra; el hombre es víctima de una enfermedad del espíritu: el pecado, que es similar a la lepra, porque destruye totalmente las facultades espirituales; Jesús Salvador es el médico divino que cura definitivamente esta enfermedad.
2 - El sentido del pecado – Esta relacionado estrechamente con el don de la fe, porque nos hace sentir hijos con respecto a Dios y hermanos con respecto a los hombres. No puede absolutamente sentirse en culpa quien no ama a nadie. Efectivamente, la culpa es sentirse en deuda de amor: “ Si tomas en cuenta las culpas, o Yahveh, ¿quién Señor, resistirá? Mas el perdón se halla junto a ti, oh Dios de Israel” (Sal.129). El verdadero pecado de omisión es no amar suficientemente a Dios, a si mismos y a los demás.
3 - Cristo ha resucitado – La Resurrección de Jesús es el comienzo de nuestra salvación. Ella nos recuerda que la muerte del cuerpo es consecuencia directa del pecado, que priva al alma de la vida eterna de los hijos de Dios. La verdadera resurrección del hombre es espiritual: la liberación del pecado y un proyecto de vida nueva: “Esta doctrina es digna de fe: Si hemos muerto con él, viviremos con él. Si somos constantes, reinaremos con él. Si renegamos de él, él también renegará de nosotros. Si somos infieles, él es fiel, porque no puede renegar de sí mismo” (San Pablo).
4 – Del bautismo a la confesión – En estos dos sacramentos, el Señor nos ha dejado el don de su infinita misericordia y la posibilidad de ser libres de pecado. He aquí un motivo de gran esperanza: el Espíritu Santo escribe en nuestras mentes y en nuestros corazones la ley del amor de Dios, de manera tal que esta sea intimada desde el exterior y donada en lo íntimo. El Espíritu Santo hace posible lo que al hombre, con su sola fuerza de voluntad, no le es posible.
5 - Puntos concretos – Vivimos en una época que ha depuesto todo empeño en corregir una mentalidad que acepta todo como bueno, que da todo por sentado, que se acomoda a las modas del momento. Bien y mal son subjetivos y, si existe el mal ¡es considerado bueno! La llamada del Señor concierne la conciencia personal de cada persona: no la callemos, no la deformemos, no eludamos sus directivas. “Amad cordial y totalmente la Verdad” (San Agustín).
Vigésimo Séptimo Domingo Del Tiempo Ordinario
Si ustedes tuvieran una fe tan pequeña como un grano de mostaza, podrían decirle a este árbol: “Desarráigate y plántate en el mar”, y les obedecería.
Lecturas: Habacuc 1,2 3; 2,2 4; 2° Timoteo 1,6 8.13 14; Lucas 17,5 10.
1 – Hay un plazo - El profeta Habacuc plantea un gran problema que es un gran escollo para todos los creyentes y para los honestos: ¿Por qué Dios no interviene frente a las iniquidades: opresiones, violencias, disputas, asaltos de los hombres? La respuesta es alentadora: Hay un plazo también para el mal: Dios lo conoce. Si la solución tarda, no desesperemos. Sucumbe quien no tiene ánimo recto, mientras el justo vivirá por su fe. He aquí la primera respuesta para los honestos y los creyentes: la fe y la honestidad consisten en tener una confianza inquebrantable en la justicia de Dios.
Vigésimo Sexto Domingo Del Tiempo Ordinario
Hijo, recuerda que durante tu vida recibiste tus bienes, y Lázaro, igualmente, males; pero ahora él es consolado aquí, y tú atormentado.
Lecturas: Amós 6,1.4 7; 1° Timoteo 6,11 16; Lucas 16,19 31.
1 - Historia de todos los tiempos – El profeta Amós condena duramente a los que viven en el lujo y la riqueza sin afligirse de la “ruina de José”, es decir al hermano que sufre la injusticia y la pobreza. La consecuencia de tal comportamiento será la siguiente: “marcharán a la cabeza de los desterrados,
y así terminará el banquete de los holgazanes”. La historia de las revoluciones humanas nos recuerda que aún más que los hombres “el Señor es el que hace justicia a los oprimidos, da el pan a los hambrientos y libera a los cautivos”.

